lunes, 5 de diciembre de 2005

Proyectos


Sin exagerar, con mis amigos he tenido como 100 proyectos durante mi adolescencia e inicios de mi adultez (que raro suena), y que me acuerde ninguno se ha concretado a cabalidad. Si me pongo a pensar me da lata, por que el factor que ha logrado el fracaso de estos proyectos ha sido la falta de compromiso con éstos. Algunos ejemplos de estos “proyectos” han sido como estos: Hacer una página web que albergue idioteces que aporten los navegantes, una película que trataba de tres luchadores libres que venían del espacio y que salvaban a mujeres en aprietos, una especie de fotonovela protagonizado por mickeys de la cajita feliz que era todo un dramón, hacer de unos pelotudos que se ahogaron en el lago Villarrica (que tienen una especie de memorial en una plaza cerca de mi casa) unos chicos milagrosos (de hecho pusimos dos placas de gracias por favor concedido robados de la animita del hermano de Omar Gárate ubicada en camino a Melipilla para así crear el mito) y así podría seguir enumerando proyectos truncados.

Ahora, para aprovechar este medio voy a publicar un guión inconcluso que hice para un corto que queríamos realizar con mi amigo Rodrigo Rojas (más conocido como R!) y Cristian Rodríguez, basado en la historia de un tipo curado que conocimos en República, que estaba en un estado de depresión fuerte por que su mujer lo había dejado.

Disfruten de el guión inconcluso de Mackenna (ese era el apellido del curado y no tenía nada que ver con Pablo).


No me acuerdo bien si eran las cuatro de la tarde o las siete. Después del cambio de hora, siempre sufro una especie de confusión temporal que logro asimilar al cabo de dos semanas aproximadamente. Precisamente en ese momento mi cuerpo todavía no asimilaba el cambio.

Me acuerdo que estaba en el piso número treinta del edificio corporativo de Gässo, después de un día que no se lo dedico a nadie, y presioné el botón del ascensor que me conduciría hacia abajo. El ascensor para. Se abre la compuerta y veo que adentro no hay nadie. Mejor para mí. Realmente en ese instante no quería toparme con ninguna alma, ya que hubiese sido horrible para esa persona, si es que en ese momento hubiese alguien por supuesto, verme la cara. Me carga cuando las persona notan algún grado de inferioridad en mi según mis expresiones. Entro. Las compuertas se cierran. El ascensor era suave en su descenso, y por sus paredes de cristal, podía contemplar el smog de la ciudad. Miro hacia arriba y noto que un tubo fluorescente está quemado y no se si eso será algo que me afecte, pero en ese momento estaba tan sensible que pienso que todo lo malo que existía a mi alrededor me identificaba de sobremanera. Me arreglo el nudo de la corbata para quedar impecablemente ordenado. Recién he descendido siete pisos.


Mi actual mujer es demasiadamente hermosa, soy la envidia de cualquier hombre que anhela tener una mujer exquisita entre sus brazos al amanecer, acostados totalmente desnudos en la cama que ambos comparten diariamente. Mi mujer tranquilamente podría en este momento ser la musa que cualquier joven puber que se está masturbando y siento que estoy teniendo una erección extremadamente dura. Pienso. Javier debe estar tendido en mi cama de dos plazas tomando la pequeña cintura de mi mujer, que está sentada en su pene haciendo un movimiento de sube y baja que tiene a ese güeón con los ojos blancos. Ximena debe estar pensando primero en ese tenedor marca Oneida antes que en mí en ese momento. Maldita perra.

Golpeo el vidrio del ascensor y no lo alcanzo a trizar. Me duelen los nudillos pero no me importa.


Miro fijamente por el ascensor hacia fuera y siento que tengo que ir a tomar algunos tragos para poder despejarme. No puede ser que Ximena me esté cagando con ese estúpido de Javier, pero lo creo y eso más me atormenta y me doy cuenta lo poca cosa que soy. ¿Pero cómo no lo puedo ver? ¿Cómo puede una mujer como Ximena fijarse en un tipo como yo? Realmente he sido un iluso al pensar que soy un hombre feliz, siendo que la felicidad no ha sido un patrón en mi vida, aunque quiera pensar lo contrario. Juré que al momento de ser un profesional todas mis inseguridades de adolescente se me iban a pasar, Obvio si iba a tener plata y con eso, podría comprar el amor de cualquier mujer. Cuando joven nunca pude sacar a una mujer a vivir momentos increíbles, por que pensaba que sólo con dinero podría entablar una relación, pero aquí estoy, con mi billetera llena de billetes de diez mil pesos para poder cumplir todos mis deseos de niño, y por supuesto, nada. Sigo siendo el mismo imbécil que no le queda otra que ver televisión un sábado por la noche.

El ascensor llega al primer piso, se abre la compuerta y justo afuera de este se encontraba Hector, unos de mis mejores amigos de niño, pero que gracias a al trabajo no lo veía hace demasiado tiempo.


Saludos a mis compañeros de pArque esquizofrénico, por ser parte de un proyecto que si ha funcionado de maravillas (No paremos de tocar y Viva el parque!!) y como olvidar a The Wicks, que sigue siendo un lindo proyecto musical.

5 comentarios:

R! dijo...

Yo creo que hay que presentarlo al Fondart

nat dijo...

como ke no me tinca mucho ese proyecto de "parke", no se por ke...

ChávezOscar dijo...

chaquetera

kAro DuoK UC!! dijo...

putaa yio kieroo ir a ese parke!!


kreo k puoe kumplir kon los rekisitos pa entrar a esa wea!!

cristian dijo...

al parke donde chavez se culea hom
bres jajjaj