
Cuento por Heladio3 (perez botella)
Después de un rato se levantó un tanto confundido; por fin había alcanzado esa sabiduría que tanto anhelaba.
Abrió los ojos y sólo veía manchas de colores; sus oídos no le entregaban otra información más que ruidos (y una que otra armonía). Sintió miedo por un momento –no es fácil manejar tanto conocimiento de un momento a otro-. Fue entonces, en ese tiempo perdido, que decidió caminar un poco para ver que podía recolectar con sus sentidos agudizados.
No alcanzó a dar ni siquiera dos pasos cuando una nube cubrió su cabeza. Ya no podía mover ninguna parte de su cuerpo y ahora el miedo lo dominó por completo. No sabía qué hacer, al parecer su estado actual no era del todo bueno. Pensó y pensó durante horas pero no lograba encontrar solución a su problema. – A lo mejor esto debe ser la muerte-, se dijo a sí mismo.
Sus ojos estaban completamente desorbitados; su boca seca y amarga le recordó a sus antiguas amistades que vivían sólo por el vino. Recordó también aquellas fiestas en las que no existían reglas y donde la insanidad brotaba por las paredes de madera. Fiestas aparentemente interminables que duraban tan sólo un par de segundos.
En una ocasión, al haber escapado de un cuarto, se adentró en una oscuridad profunda, como si fuera la nada misma. No obstante el paraje, no estaba asustado, el alcohol lo había embravecido un poco. De pronto miró hacia el cielo y vio su tan amada luna, entonces sonrió y la contempló por largo rato. Esta vez parecía tener algo adentro, algo así como un bebé antes de nacer. Pero estaba muy triste, tal vez porque no sabía si iba a poder vivir algún día y salir de esa bolsa de agua.
Se sintió un poco incómodo dentro de su cuerpo, le pareció un tanto ridículo pensar que un nonacido fuese a tener tal clase de preocupaciones. Cuando la imagen se desvaneció, bajó la vista y el lugar parecía estar un poco más iluminado.
Siguió adentrándose en el paisaje y todo le parecía mucho más armónico. Ahora podía reconocer perfectamente las siluetas de las flores y, justo cuando se inclinaba para observar una, algo le tocó el hombro, -¿quién molestará?-, y al disponerse a bajar nuevamente una mujer le preguntó, -¿qué haces tan solo y en medio de la nada?-, -NADA, solo (y sólo) salí a tomar un poco de aire- respondió. -¿No prefieres estar adentro con los demás?, aquí está comenzando a helar, además no creo que pase algo emocionante acá afuera-. Él sonrió. –No gracias, me gustaría ver qué hay más allá-.
Como si hubiera sido premeditado sus manos se entrelazaron y ambos avanzaron hacia lo desconocido.